LA ESPERA
Llegará silenciosa, de puntillas,
y cerrará mis ojos tiernamente;
sin alzar la cortina, de repente
me cubrirá de nieve las mejillas.
La esperaré sereno, de rodillas
y cuando llegue besaré su frente.
Dejaré mis quehaceres para siempre
y cruzaré veloz a la otra orilla.
Tendré la boca de palomas llena
y roto el cuero del viejo zurrón
y vacía de plata mi alacena.
Toma mi vida cuajada en sazón.
rompe en pedazos, Señor, mi cadena.
Deja que abrace la resurrección.
Fray Alejandro Fernández Barrajón
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